MI CIELO
Existe una
teoría que explica, con más o menos razonamientos, la estructura que debe tener
el cielo. El cielo es particular para cada uno. Es un momento, una persona, un
lugar… En mi caso, el cielo es la noche que por partida doble y un fuerte
destello mantiene mi reflejo vivo. Es verse reflejado en el propio mar inmenso
de unos ojos, donde deseas asfixiarte y sólo cuando estás sumergido piensas:
¿Qué más podría pedir?... Pues ¿Qué más puede haber que ser persona en tu
mirar? Mi cielo me hace sentir cómo un Dios que humedece sus dos pequeños
mundos, cómo el artista que crea su mayor obra con acuarelas y al ver el brillo
que deja en su memoria piensa: “Aquí debo dejar de pintar más cuadros, aquí
debo dejar esta sensación inmortal, porque desde que creé este brillo en mi
reflejo, no puede haber nada más hermosamente salvaje”
Mi cielo son
palabras escritas en piel, a dedo… Es un roce de fusión que transpira una única
necesidad. La necesidad de acabar con la física, de coger al Dios que me creó y
exigirle que acabe con las leyes físicas. Entonces agarrar su cuello y
preguntarle: ¿Cómo sabiendo lo que llegaría a amar mi cielo creas unas leyes
que limitan mi locura? Son palabras de piel de sueños que son susurros. De una
caricia que pasa por murmuro y al agarrar mi cielo entre mis dedos y someterlo,
la caricia es pasión y el murmuro gemido. He visto el cielo común caerse a
cachos sobre nosotros y pensar: Ahí estaba la luz, siempre estuvo ahí la razón
del ser humano, tan sencillo cómo amar estar loco… He soñado como el viento de
nuestros cuerpos vuelan el desconchado de la realidad
Pues amigos,
mi cielo es una batalla… Una guerra sin perdedor pero con millones de caídos a
mi alrededor. Cada desgraciado que ha intentado o intentará separarme de mi
sueño. Cientos de cuerpos bajo nosotros y sobre los que pintar nuestra rabia de
cariño. Es una revolución de mi cuerpo… Todos a una, que gritan que hasta que
quede una última gota de sangre vamos a presentar batalla. Qué jamás se ha
conocido una molécula de mi ser, que no esté dispuesta a luchar por ti. Ahora
cielo, cada parte de mí está lista… Puedes clavar tus uñas en mi espalda,
cruzar tus piernas junto a esos arañazos y evitar que escape de tu interior. Que
tengo las fuerzas necesarias para no ser débil nunca más. Para caer rendido
sólo con la intención de levantarme de nuevo. Y una vez tenga el aliento de ese
cielo a tres centímetros de mis labios, pensar que el mundo puede irse, con
toda sinceridad, a la mierda… Pues para mí no hay más que este momento, este
lugar, este cielo…
Mi cielo es
mi pasado, presente y nuestro futuro… Es cada lágrima hasta secar mis ojos,
cada grito hasta desgarrar mi garganta, y el calor entre mis dedos al acariciar
hasta la millonésima parte de esos momentos, que forman el cielo. Es a temporal
y sobrevenido, pero siento que siempre ha sido el mismo. Siento que siempre ha
estado ahí esa sensación, ese lugar y esa persona sobre la que desplegar una
historia… Tan real cómo enfermiza. Tan temida como adorada…
Entonces,
¿Qué quiero decir con todo esto? Quiero decir que puestos a morir alguna vez,
quiero que cuando esa luz blanca brillante se apague obtenga mi cielo. Olvida
la inmortalidad, olvida las riquezas y la felicidad eterna. No pido más que a
ti, con todo lo que ello conlleva. Si eso significa acabar mi vida mortal, por
otra vida mortal contigo, que así sea. Pues cuando yo me vaya, solo pido dos
cosas: Ser el primero para así no verte marchar y que vaya donde vaya tenga tú
imagen tan fuerte como a día de hoy. Aunque sea repetir el mismo instante millones
de veces.
Una vez un
autor dijo sobre el enamorado: “Todo el
que inflama estrepitosamente rotos orgullos vacios estableciendo ratos orgullosos”.
¿Por qué tú?... Porque eres mi cielo, mi mejor momento, y si me dejan elegir
quiero que, de existir, mi eternidad seas tú. Y si no puedo elegir yo, a la
mierda esta creencia, a la mierda un cielo y un infierno y a la mierda la
muerte. Porque nada en este mundo, que me separe más tiempo de tu lado vale lo
suficiente para no quemarlo.
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